La economía creció un 0,6% en el primer trimestre 2026, conforme al dato adelantado del INE. Se trata de un resultado en línea con la previsión de Funcas de febrero, que traduce una cierta desaceleración dentro de un ciclo expansivo que sigue siendo robusto, y que no refleja todavía el impacto del conflicto en Oriente Medio. El avance del PIB procedió sobre todo de la demanda interna, si bien en esta ocasión el desplome inesperado de las importaciones también contribuyó a una leve aportación del sector exterior.
El shock de precios y de materias primas que se ha generado tras el estallido de la conflagración en el Golfo Pérsico está siendo perceptible en los indicadores más recientes. La tregua pactada el 7 de abril entre EEUU e Irán supuso un cambio en el escenario bélico que se reflejó de forma inmediata en el precio del petróleo, que descendió por debajo de los 100 dólares, pero en las semanas posteriores las tensiones han regresado al estrecho de Ormuz. Irán volvió a anunciar su cierre, a lo que EEUU respondió bloqueando, a su vez, el paso de los barcos procedentes de puertos iraníes, desatando, de nuevo, el nerviosismo en los mercados. En la fecha de cierre de este documento, la cotización del petróleo para entrega inmediata se situaba de nuevo por encima de los 100 dólares, y los futuros para junio en torno a los 115 dólares.
El parón de las exportaciones de hidrocarburos, fertilizantes, productos químicos y de un amplio abanico de minerales y de componentes químicos producidos por los países del Golfo ya ha provocado una desorganización de las cadenas de suministro. Razón por la cual, el queroseno, por ejemplo, empieza a escasear, perturbando la aviación civil. Además, numerosas economías asiáticas comienzan a tener problemas de escasez de suministro y han adoptado medidas para favorecer la reducción del consumo, al tiempo que las reservas estratégicas de combustible se reducen en todo el mundo.
